domingo, 15 de agosto de 2010

¿A quiénes corresponde la tarea educativa? ¿A los papás y las mamás, a los maestros y las maestras, o tal vez, a toda la comunidad?

Responde Humberto Maturana

Los seres humanos nos encontramos, desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte, viviendo inmersos en una matriz biológico-cultural que llamamos la Matriz Biológico-Cultural del Habitar Humano. Así, cuando usamos las palabras educar y educación lo hacemos para referirnos de manera consciente e inconsciente al proceso de transformación en la convivencia.

Todos vivimos en el devenir inevitable de nuestro crecimiento desde que somos concebidos. En este proceso aprendemos acompañados por aquellas personas mayores con quienes convivimos una matriz de sentires, emociones y haceres, que nos lleva a vivir o a querer vivir como miembros de la comunidad social que nos acoge o rechaza desde nuestro inicio en el útero materno. Podemos, nosotros y ustedes, preguntarnos ¿qué queremos que pase con nuestros niños, niñas y jóvenes en la transformación en la convivencia que la educación es?

En términos generales, podemos decir que lo que queremos es que los niños, niñas y jóvenes lleguen a transformarse en personas adultas. Si miramos el mundo mamífero al que pertenecemos, podemos ver que los individuos jóvenes machos y hembras pasan a operar como adultos no en el momento de su madurez sexual, sino que cuando dejan de ser dependientes de otros en un sentido básico para sobrevivir. Los mamíferos siempre están relacionados unos con otros de manera cercana o lejana, sin embargo, hay un momento en el que los jóvenes pasan a vivir en un mundo propio que les permite actuar con autonomía y ése es el momento de la adultez.

Nosotros los seres humanos no somos distintos y nuestro verdadero problema, desde la perspectiva de la educación, es hacernos cargo de que el crecimiento de nuestros niños, niñas y jóvenes va pasando de todos modos, y de que eso es algo que tenemos que respetar y apoyar si queremos que ellos lleguen a ser adultos miembros íntegros de la comunidad a la que pertenecen y a la que los mayores queremos que pertenezcan. Puede que algunos niños o niñas no hagan esa transición a la autonomía adulta integrándose a la comunidad a la que supuestamente pertenecen porque ésta no lo acogió y respeto. Cuando esto sucede puede que digamos de ellos que son adultos dependientes, o que no son adultos socialmente responsables, o que son seres periféricos que se han salido del ámbito de la convivencia social y no tienen los sentires íntimos de la conducta ética del amar. Pero, ¿es eso obra de ellos o es responsabilidad de los mayores con quienes convivieron?

Invitamos a reconocer que la Educación es una Transformación Dinámica en la Convivencia Cotidiana, y a ver que los niños, niñas y jóvenes, quiéranlo o no, viven en su diario vivir un espacio de convivencia en el cual se van transformando en una orientación que puede ser de negación, de falta de respeto por sí mismo, por los otros y por su entorno natural, o viven en su diario vivir un espacio de convivencia que orienta su inevitable transformación ampliando sus posibilidades de autonomía reflexiva y de acción de forma que pueden llegar a ser personas adultas amorosas-éticas.

Así, también querámoslo o no, nuestra responsabilidad como adultos es generar un espacio de convivencia donde los niños, las niñas, y los jóvenes lleguen a transformarse en personas adultas que pueden colaborar desde su autonomía-reflexiva y de haceres sin miedo a desaparecer porque se aman y respetan a sí mismos porque los mayores los aman y respetan. La convivencia en el mutuo respeto es el único espacio que hace posible aprender a vivir y convivir de manera socialmente responsable.

Como hemos dicho, la educación ocurre como una transformación recursiva en la convivencia. Los niños, niñas, jóvenes se transforman con las personas adultas con las cuales conviven en un curso que se va generando según los sentires y haceres de esa convivencia. Los niños, niñas y jóvenes se sumergen en el espacio sensorial-psíquico-relacional-operacional de las conversaciones del vivir cotidiano de las personas adultas con quienes conviven y siguen de manera consciente e inconsciente el camino de los conocimientos, curiosidades, deseos y orientación psíquica de las personas adultas que sean parte de su mundo.

Si queremos convivencia democrática, tendremos que convivir de una manera que implique el que como adultos reflexionemos y nos preguntemos seria honestamente: ¿cómo estoy haciendo lo que estoy haciendo?; ¿qué modo psíquico de relacionarme traigo a mi vivir cotidiano?; ¿me respeto?; ¿respeto a los otros y otras?; ¿soy una persona consciente del cuidado por el medio ambiente? Pues los niños, niñas y jóvenes crecerán haciendo las cosas, haciendo las conversaciones y viviendo el emocionar de ese tipo de convivencia.

Lo que nos ocurre es que en el presente cultural que vivimos, cuando hablamos de educación, en ocasiones nos dejamos seducir por la teoría de que debemos preparar a los niños para operar en los mercados del futuro, para operar en el ámbito del progreso tecnológico o de la búsqueda del éxito en la competencia. Y eso enajena a los niños, niñas y jóvenes de sus sentires éticos íntimos porque los ciega con respecto al mundo humano donde las personas quieren hacer bien las cosas que hacen en un mundo creativo, estético y espiritual en el deseo natural de vivir en el bien-estar del amar.

En el presente cultural que vivimos, vivimos un educar mayormente orientado desde la ceguera de la naturaleza relacional del proceso educativo, una “educación” que se niega a sí misma porque que no ve a los niños, niñas y jóvenes que educa, y no ve a las personas mayores que la realizan o se relacionan con ella. Y no los ve porque tiene la atención puesta en el futuro, en lo que los niños deben ser cuando sean grandes y niega su presente. Lo que no se ve es que la educación guía el tránsito hacia la vida adulta, esto es, guía el tránsito de una vida dependiente a una vida autónoma. Ser autónomo significa que se actúa desde sí, que se dice sí o no desde sí haciéndose cargo de las consecuencias.

Lo esencial de la educación es la relación interpersonal de los mayores, fundamentalmente, de los adultos con los menores, pues éstos los ven como inspiración, formas de vivir deseables o indeseables a imitar haciéndolas propias o a rechazar evitándolas.

En nuestro presente cultural es frecuente que usemos las expresiones “educar” y “enseñar” equivocadamente casi como sinónimos, pero no lo son. La palabra educación hace referencia al emocionar, a evocar los sentires íntimos y guiar desde allí la reflexión y la conducta en un ámbito de convivencia humana; la palabra enseñar refiere a la forma de hacer, a mostrar como se hace algo en el ámbito reflexivo y manual. Por esto las técnicas, las prácticas, los procedimientos y las teorías pertenecen al ámbito del enseñar.

Sin duda, en nuestro convivir cotidiano no hay que educar sin enseñar ni enseñar sin educar, y es tarea del adulto mayor o adulto hacerse cargo de eso, porque al mostrar algo el otro éste no ve lo que el otro le muestra o señala, sino que lo que el educar en el señalar evoca. Es también por todo esto que el reconocer que los seres humanos somos seres primariamente amorosos-éticos nos da confianza en que podemos educar y enseñar a vivir en el mutuo respeto, en el respeto por sí mismo y en la colaboración como ciudadanos democráticos, viviendo con ellos en el mutuo respeto, el respetarse a sí mismos y el escuchar y conversar en la colaboración.

Entonces ¿a quién corresponde la tarea de la educación?

A todos nosotros, a todos los mayores con quienes los niños, niñas y jóvenes conviven. A todos nosotros los mayores de cualquier edad, querámoslo o no, nos corresponde de manera consciente o inconsciente, la tarea educativa. Todos los mayores somos vistos de manera consciente o inconsciente por los menores como modelos de un vivir y convivir que ellos podrían escoger o rechazar, y es tarea de todos los que queremos un convivir ético en la colaboración, en el mutuo respeto, guiarlos para que puedan querer escoger ese convivir conviviendo con ellos en la colaboración, en el mutuo respeto del convivir ético, en el amar.

Por Humberto Maturana, biólogo, cofundador de la Escuela Matriztica

Humberto Maturana: “Los seres humanos estamos en un presente trágico”

Para leer y opinar:

viernes, 16 de marzo de 2007

SALUDO

ANTES DEL 2010.















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Somos parte del presente cambiante. Distingo maestros y maestras comprometidos con la vision de nuestra institucion : Ser una institución publica de autoaprendizaje orientada a desarrollar la inteligencia (24 capacidades) en un escenario de convivencia solidaria.
Los animo a configurar un modo de vida amoroso para potenciar la creatividad y la innovacion en nuestro quehacer pedagógico.

Rolando Peña Huamán

DESPUES DEL 2010.

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